sábado, 29 de octubre de 2016

ARCANO XV (EL DIABLO) - CAMINOS DE CONOCIMIENTO (TAROT)



El Diablo representa todo aquello que es negativo y nos frena. ¿Culpamos de nuestra falta de determinación y éxito a las cosas negativas? ¿Son reales estas barreras o las creamos para sabotearnos? La carta del Diablo hace referencia a la falta de clarividencia. La gente puede estancarse en esta carta, como en cualquier otra, pero en este caso resulta realmente lóbrego. Las personas que se estancan en su sentimiento de culpabilidad son su peor Diablo. Se castigan con la enfermedad, la depresión y el empobrecimiento.


La carta del Diablo nos insta a enfrentarnos a nuestra actitud negativa y a empezar a vernos de forma más positiva. Debemos amarnos y aceptarnos a nosotros mismos y dejar de juzgarnos y censurarnos. Una cosa es estar excesivamente satisfecho de uno mismo y otra negarse a aceptar la belleza, la fuerza y la sabiduría personales.
Si tropieza con la tentación, la injusticia, la contradicción, la duda o la adversidad, mantenga la fe en el fuego sagrado que yace en su interior. Convénzase de que nada ni nadie puede apagar o arrebatarle ese fuego.
 
La interpretación de Waite es sustancialmente distinta a la que ofrecieron los ocultistas franceses. Así, para el esoterista inglés, la verdadera representación de El Diablo es aquel que habita en el umbral de los límites del Jardín Místico, donde fue conducido después de haber probado el fruto prohibido.

El mito del diablo se avecina a los mitos del dragón, de la serpiente, del guardián del umbral y al simbolismo del cerrojo. Pasar la gacheta del pestillo es ser víctima del diablo o elegido de Dios. Es la caída o la ascensión. A la idea de Dios está asociada una idea de abertura del centro cerrado, de gracia, de luz, de revelación. El diablo simboliza todas las fuerzas que turban, obscurecen y debilitan la conciencia y determinan su regreso hacia lo indeterminado y ambivalente: centro de noche, por oposición a Dios, centro de luz. El uno arde en un mundo subterráneo, el otro brilla en el cielo.

El maligno es el símbolo de lo malvado, poco importan las figuras, el no anda escaso nunca de apariencias pero es siempre el Tentador y el Verdugo. Su reducción a la forma de una bestia manifiesta simbólicamente la caída del espíritu. El cometido del diablo se limita a desposeer al hombre de la gracia de Dios para someterlo a su propio dominio. Es el ángel caído con las alas cortadas, que quiere romper las alas de todo creador. Es la síntesis de las fuerzas desintegrantes de la personalidad. El papel de Cristo, al contrario, es el de arrancar al género humano del poder del diablo por el misterio de la cruz. La cruz de Cristo libera a los hombres, es decir vuelve a poner entre sus manos, con la gracia de Dios, la libre disposición de sí mismo, arrebatada por la tiranía diabólica.

Entre la Templanza y la Torre herida por el rayo, el decimoquinto arcano mayor del Tarot invita a reflexionar sobre el diablo. <<Expresa la combinación de las fuerzas y de los cuatro elementos de la naturaleza (agua, tierra, aire, fuego) en cuyo seno se desarrolla la existencia del hombre; el deseo de saciar sus pasiones a cualquier precio, la turbación, la sobreexcitación, el empleo de medios ilícitos, la debilidad que hace sitio a las influencias molestas. Corresponde en astrología a la III casa horoscópica; este arcano representa en cierto modo el reverso de la Emperatriz. En lugar del dominio de las fuerzas bien ordenadas, el diablo representa una regresión hacia el desorden, la división y la disolución, no solamente en el plano psíquico, sino también en los niveles moral y metafísico>>. 

Erguido medio desnudo sobre una bola color carne, que se hunde hasta la mitad en un zócalo o en un yunque rojo de seis capas superpuestas, el diablo, cuyo hermafroditismo se ha señalado abundantemente, tiene alas azules, semejantes a las de un murciélago; sus calzas azules están sujetas a la cintura por un cinturón rojo en forma de creciente bajo el ombligo; sus pies y sus manos tienen garras como patas de mono. La mano derecha está levantada; la izquierda, dirigida hacia el suelo, sostiene una espada blanca y desnuda y debemos advertir que su gesto es inverso del que efectúa (el Mago) en busca de la Verdad. Sobre la cabeza lleva un extraño tocado amarillo hecho de medias lunas puestas frente a frente y de una cornamenta de ciervo con cinco pitones. A su pedestal están atados, por un cordón que pasa a través de un anillo fijo en el zócalo y va a anudarse en torno a su cuello, dos diablillos simétricos, enteramente desnudos, uno macho y otro hembra, provistos cada uno de una larga cola que toca el suelo, con los pies en forma de garra, las manos escondidas detrás de la espalda, la cabeza cubierta por un birrete rojo del que parten dos cornamentas de ciervos negros y dos cuernos. El suelo es amarillo veteado de negro en su parte superior, pero bajo los pies de sendos diablillos el suelo es negro como aquel por donde la Muerte (arcano XIII) pasa su guadaña.

Todo aquí evoca el dominio del infierno, donde el hombre y el animal ya no están diferenciados. El diablo reina sobre las fuerzas ocultas y su parodia de Dios, <<el mono de Dios>>, está allí para advertir de los peligros que corre quien quiere utilizar estas fuerzas por cuenta propia desviándolas de su fin.
<<El que aspire al saber escondido, al poder oculto, debe permanecer en equilibrio como (El Mago), o mantener en jaque las tendencias opuestas del Abismo, como el héroe sobre su carro, adquirir la paz interior como el eremita, o difundir a la manera altruista del Ahorcado, vencedor de sus propios deseos, los beneficios de la ciencia, de lo contrario es víctima de las corrientes fluidas o desordenadas que ha evocado o proyectado, pero que no ha sabido dominar. Ante lo oculto, es preciso renunciar o dominar, o resignarse a servir. Vencedor o vencido, uno no trata de igual a igual con las fuerzas de la Nada>>. Pero ellas resultan indispensables para el equilibrio mismo de la naturaleza: sólo Lucifer, portador de luz, puede convertirse en Príncipe de las Tinieblas, y cuando las láminas del Tarot están dispuestas en dos hileras, el octavo arcano domina el quinceavo, <<número impar y triangular, agente dinámico y creador>>, para recordar que el propio diablo está sometido a la ley universal de la Justicia. En el plano psicológico el diablo muestra la esclavitud que aguarda al que permanece ciegamente sometido al instinto, pero señala al mismo tiempo su importancia fundamental: sin instinto no hay florecimiento humano completo y, para poder superar la caída de la Torre herida por el rayo en la (lámina 16), es preciso haber sido capaz de asumir sus fuerzas temibles de una manera dinámica.

No subestime los peligros y controle las trampas; no ceda a las lisonjas y no se deje arrastrar por los demás.

Es un indicador de vigor y energías que provocan una vida sexual sin tabúes y sin frenos, podría indicar relaciones fuera del matrimonio. Esto mismo trae para la salud el riesgo de sufrir enfermedades venéreas. La profesión con la que se la relaciona es la de empleado de banco, usurero, agente de la bolsa.
El arcano de El Diablo conoce y maneja el materialismo, pues entiende el elemento Tierra. Este elemento rige lo práctico, terrenal y concreto.
El Diablo significa apego a lo concreto material y separación de lo espiritual. Es vibrar en niveles de consciencia muy bajos. Es dejarse llevar por toda clase de influencias que apartan a las personas de su esencia divina. Nótese que las cadenas están suficientemente holgadas para que las personas se puedan desatar. Pero o bien no lo ven o simplemente no desean salir de esa esclavitud.

El número 15 que le representa, expresa el desafío de hacernos responsables de nuestras acciones y de las obligaciones contraídas. Esto incluye nuestro contrato de vida. 1 + 5 = 6, es el número de la carta de Los Enamorados, quede algún modo es la antítesis de esta carta.
Astrológicamente, El Diablo se relaciona con Capricornio. Las características de poca emocionalidad, frialdad, agudeza mental y apego a lo material, son rasgos que comparte este arcano mayor.

La cara es deforme, debido a los errores o pecados. El Bafometo se ha representado como el latón que actualmente la humanidad ha ennegrecido debido a la degeneración. Debemos "blanquear al latón", al Diablo, quien es el Entrenador Psicológico y Guardián de las puertas del Santuario para que únicamente entren los elegidos, quienes han podido superar todas las pruebas impuestas por el Diablo.

"EL ALKIMISTA DEBE ROBARLE EL FUEGO AL DIABLO".

Cuando trabajamos con el Arcano 15, le robamos el Fuego al Diablo, así nos convertimos en Dioses, así resplandece la ESTRELLA DE CINCO PUNTAS.
Los cuernos terminan en 6 PUNTAS. El Arcano 6 es el Sexo, indicando que en el Sexo está la liberación por la castidad, o la esclavitud del hombre por la pasión. Existe una diferencia con el Arcano No. 1, la mano derecha está arriba y la izquierda a la tierra.
El Misterio del Bafometo es la Alkimia Sexual, basado en comprensión y transmutación de las Energías Creadoras.

El Bafometo de los Templarios debe leerse al revés, Tem-o-h-p-ab, símbolo de las palabras latinas: TEMPLI OMMUN HOMINUN PACIS ABBAS. Esto quiere decir: "El Padre del Templo, Paz Universal de los Hombres".
El Arcano 15 aparece después del 13 que es la Muerte del Yo, del Ego, del Mí Mismo; y del Arcano 14 que es la Temperancia o Templanza, la Castidad que resulta después de la muerte del Ego. El Arcano 15 es pues el Andrógino Divino que vuelve a resplandecer, es el Latón Blanqueado.

Necesitamos con urgencia máxima, inaplazable, "BLANQUEAR AL DIABLO" y esto sólo es posible peleando contra nosotros mismos, disolviendo todo ese conjunto de Agregados Psíquicos que constituyen el "Yo", el Mí Mismo, el Sí Mismo. Sólo muriendo en sí mismos podremos Blanquear el latón y contemplar el Sol de la Media Noche (el Padre). Esto significa vencer a las tentaciones y eliminar todos y cada uno de los Elementos Inhumanos que llevamos dentro (Ira, Codicia, Lujuria, Envidia, Orgullo, Pereza, Gula, etc., etc., etc.).
En el Gimnasio Psicológico de la existencia humana, se requiere siempre un Entrenador. El Divino Daimón, citado tantas veces por Sócrates, la Sombra misma de nuestro Espíritu individual, es el Entrenador Psicológico más extraordinario que cada uno de nosotros carga adentro; nos mete en tentaciones con el propósito de entrenarnos, educarnos, sólo así es posible que broten en nuestra Psiquis las gemas preciosas de las Virtudes. Si no hay tentación no hay virtudes: cuanto más fuertes sean las tentaciones, más grandes serán las Virtudes; lo importante es no caer en la tentación, y por eso debemos rogar al Padre diciendo: "No me dejes caer en tentación".

Sólo mediante la lucha, el contraste, la tentación y la rigurosa disciplina esotérica pueden brotar en nosotros las flores de la Virtud.

LUCIFER, como AYO, Educador, Mentor, resulta ciertamente insólito, inusitado, extraordinario. Existe en la Tentación Luciférica: didáctica, inimitable, pedagogía portentosa, atracción que asombra, incentivo inconfundible, instigación oculta con propósitos Divinales secretos, seducción, fascinación... Lucifer Prometeo, es uno con el Logos Platónico, el Ministro del Demiurgo Creador y Señor resplandeciente de las Siete Mansiones del Hades (Infierno); Sabbath y del mundo manifestado, a quien están encomendadas la Espada y la Balanza de la Justicia Cósmica, pues él es indubitablemente la norma del peso, la medida y el número; el Horus, el Brahama, el Ahura-Mazda, etc., siempre inefable.
Lucifer (Luci= Luz. Fer= Fuego), es el Guardián de la puerta y tiene las llaves del Lumisial para que no penetren en él sino los ungidos, que poseen el secreto de Hermes...
Quienes maldicen temerariamente a Lucifer, se pronuncian contra la Cósmica Reflexión del Logos, anatematizan al Dios Vivo manifestado en la Materia y reniegan de la siempre incomprensible Sabiduría, revelándose por igual en los contrarios de Luz y Tinieblas. Semblanza, parecido, similitud: Sol y Sombra, Día y Noche, Ley de los Contrarios.
El Diablo, la Reflexión de nuestro Logos Interior, fue la criatura más excelente antes de que cayéramos en la generación animal. "Blanquea el latón y quema tus libros", nos repiten todos los Maestros del Arte Hermético. Quien Blanquea al Diablo, volviéndolo a su estado resplandeciente y primigenio; quien muere en sí mismo, aquí y ahora, libera a Prometeo encadenado. Y éste le paga con creces porque es un coloso con potestad sobre los Cielos, sobre la Tierra y sobre los Infiernos.

Lucifer-Prometeo integrado radicalmente con todas las partes de nuestro Ser, hace de nosotros algo distinto, diferente, una exótica criatura, un Arcángel, una Potestad terriblemente Divina.


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